Más allá de la irreparable sangre que ha corrido en Jujuy y de las graves internas entre grupos enfrentados por los favores gubernamentales, lo que se discute en esa castigada provincia no es nada más ni nada menos que la colisión entre el derecho a tener una vivienda digna y el derecho a la propiedad de la tierra. Más allá del mamarracho que armó la AFA para atender los deseos del Gobierno, ávido de sumar propaganda televisiva, el fondo del sainete del fútbol no es que está llegando a su fin el reinado de Julio Grondona, sino el desprecio evidente por las reglas de juego, los contratos y hasta por los sentimientos de los hinchas. Una cosa tiene que ver lamentablemente con la otra, porque U$S 400 millones gastados en el Fútbol para Todos sirven para construir no menos de 10.000 soluciones habitacionales por año, en todo el país. Así está el orden de prioridades, uno de los temas que muy pocos políticos se animan a discutir de verdad.

Jujuy y el fútbol son dos ejemplos claros de casos que estallaron en la semana, que demuestran cómo hoy falta en toda la dirigencia una clara vocación por atender las discusiones de fondo, antes de que se produzcan las explosiones. Por el lado del Gobierno, porque por acción u omisión ideológica ha sido siempre propulsor del cambio de paradigmas hacia formas rupturistas que llevan a la anomia y por el lado de la oposición, porque hasta ahora casi nadie ha tenido la lucidez o la valentía de explicar cómo quizás las cosas se podrían hacer mejor. En la provincia norteña, la situación está embarrada por el clientelismo y por la atención que el gobierno nacional tuvo siempre con la dirigente Milagros Sala, a quien le ayudó a financiar un ejército de adherentes, que la han seguido porque ha sabido hacer lo que no hicieron Schoklender y las Madres, volcar en viviendas humildes, pero tangibles, gran parte del dinero recibido. La contrapartida es el sometimiento y así lo denunció el "Perro" Santillán.

Sin decir ni una palabra sobre los muertos, el gobierno nacional le encomendó al gobernador Walter Barrionuevo solucionar el asunto y para arreglarla, ahora el jujeño va por el expediente más fácil y demagógico: la expropiación de 15 hectáreas sobre las 100.000 de Ledesma en toda la provincia, lo que no parece nada, salvo el modo de conseguirlas y el deterioro a la imagen de la provincia y del país.

En cuanto al fútbol, el mamarracho que intentó imponer el presidente de la AFA para atender los caprichos del Gobierno, deseoso de no perder rating sin River Plate en la pantalla, tuvo como correlato la decidida y refrescante repulsa de la gente. Desde ya, que también patalearon con razón los que ascendieron, porque su esfuerzo parece no haber valido nada, mientras que también se escucharon voces en relación al gasto de la Plata de Todos que se dedicará al fútbol.

Sólo Elisa Carrió explicó con convicción que si ella es gobierno, a partir de diciembre dejará que el fútbol siga saliendo por la televisión abierta, pero a riesgo de los privados que quieran invertir. El problema está en que con una torta publicitaria tan chica y con desmanejos evidentes de los clubes que hace que sus gastos sean exponenciales y que no exista ni la más mínima vocación de ajuste, va a necesitar un período de adaptación para que se pongan en caja. Lo que no puede hacerse es seguir ampliando el negocio de los vivos, antes de atender el bienestar general.

De estas cosas, no habla claro la oposición. Se dice, con razón, que no se les cae ni una sola una idea para contrastar con argumentos de peso aquello que consideran que hace mal el oficialismo. Sobre casi todos los temas donde el Gobierno teclea, sólo se escuchan perdigonadas electorales que generalmente descalifican y critican duramente las formas y está más que claro que, en general, toda la grilla de candidatos evita pronunciarse sobre los cómo en cada uno de los temas.

El Gobierno padece del mismo mal ya que, además de ponerse en víctima y separar como en un gueto a los buenos de los malos, sigue aferrado a un proyecto que no quiere variar ni en sus más mínimos detalles, aunque la realidad le esté demostrando notorias fallas de material. Y la Presidenta está convencida de que el "modelo de matriz productiva e inclusión social" es algo fundacional, tanto que más de una vez lo llamó"política de Estado", como si el concepto surgiese de una mesa de iluminados y no del consenso de las fuerzas políticas que se comprometen a mantenerlas en el tiempo.

Ejemplo claro de la prescindencia de diálogo con los opositores, que ha sido una marca registrada del kirchnerismo, lo dio el candidato a vicepresidente, Amado Boudou, quien dictaminó que el tipo de cambio y la situación fiscal "seguirán igual" en los próximos cuatro años, sin explicitar cómo va a hacer el gobierno para frenar el deterioro de ambas variables sin abordar soluciones diferentes a las actuales.

Con este panorama y debido a que pese a todos los contrastes la batuta la sigue teniendo el Gobierno, sin que reciba de sus contendores réplicas de fondo, no deja de tener cierto sentido el latiguillo que hizo correr el oficialismo y que todos repiten como loros, en lo que resulta ser la más grande operación de encolumnamiento de la opinión pública que hayan abordado las usinas kirchneristas: "¿y si no es Cristina, quién?".

Por su penetración, esquema que los opositores no pueden, no saben o no se animan a perforar, la frase es aún más poderosa que aquella otra "Cristina ya ganó", que resultó ser una certeza sustentada en encuestas bastante deficientes, por no decir interesadas, que comenzó a teclear tras las elecciones de la Capital Federal y Santa Fe. A dos semanas de las primarias y a dos meses y medio de la hora de la verdad electoral, hasta ahora nadie parece dispuesto a cuestionar o a cambiar cosas de fondo. Los opositores, por temor a salirse de un statu quo que creen que podría tener cierto sustento electoral y el Gobierno, porque en su religión no está admitir nunca que se ha equivocado, ni en sus políticas y ni siquiera con las personas que frecuentan (Antonini Wilson, Schoklender) o promueven (Agustín Rossi, Daniel Filmus). Hacer la plancha en discusión de proyectos está de moda para todos y la sociedad parece no reclamarlo.

Así, lo hizo Mauricio Macri en la Capital y mal no le ha ido y pasó casi inadvertido lo poco que intentó Filmus al que, pese a su pretendida independencia, sólo le salió colgarse de las polleras de la Presidenta y pagó un duro precio por ello. En alguna medida, pese a que un debate televisivo enmarcó mejor la cuestión santafesina, fue poco y nada el aporte de sus candidatos a la discusión de fondo, que sólo sacudió la irrupción de Miguel del Sel como ejemplo extremo de voluntarismo.

Hasta Daniel Scioli ha salido a la cancha ahora con una campaña televisiva muy PRO, hablándole con familiaridad y sin crispación a la gente, tras haber poblado la semana con gestos de independencia que refuerza en alguno de esos avisos. Es que Scioli sabe bien que él y los intendentes bonaerenses tienen la llave para determinar quién va a suceder a CFK, si ella misma u otro candidato y quizás se han aguantado todo esperando en primera instancia al 14 de agosto. Este corte de boletas es el que cruzada de brazos aguarda la oposición, para demostrar que la Presidenta no pasa de los 40 puntos que le harían ganar en primera vuelta.

Como signo de la decisión de apretar el torniquete puertas adentro del gobierno, pero también para despegar del influjo presidencial, desde la elección de Santa Fe para acá, el gobernador de Buenos Aires ha generado gestos de desmarque que vale la pena subrayar: a) le pidió a Moreno que libere 300.000 toneladas de trigo y aunque le acordaron 450.000 y dejaron a su provincia afuera, el alineamiento buscado con el campo ya estaba expresado; b) saludó la performance de su amigo Miguel del Sel; c) fue al living de Susana Giménez; d) estuvo en el acto de recordación de Eva Perón junto a Hugo Moyano, donde se respiró peronismo por los cuatro costados; e) también apareció junto al obispo de San Isidro, Jorge Casaretto y f) fue el primero en expresar su apoyo a la candidatura de De la Sota "porque es peronista".

El caso Córdoba es otra piedra en el zapato del kirchnerismo, ya que allí ningún candidato a gobernador competirá el 7 de agosto con sus colores. Desde que De la Sota dijo que él era "peronista" y eliminó de las listas, como no pudo hacerlo ningún otro candidato a gobernador, ni siquiera Scioli, a quienes lo corrían por izquierda a instancias del Gobierno, se le abrió una gran brecha con la Presidenta. Sin embargo, ante la necesidad que empezó a vivir luego de las derrotas de Capital y Santa Fe, el kirchnerismo más furioso de la provincia se ha tragado el sapo y ahora dice que apoyará al ex gobernador "para completar los votos que le faltan" ante la embestida de Luis Juez, en lo que muchos ven como un pacto para que en octubre haya una boleta consensuada de diputados nacionales, que incluya a los del Frente para La Victoria.

A la inversa, ante lo poco favorable que parece resultar quedar pegado al kirchnerismo por estas horas, el ex mandatario provincial ha puesto una suerte de cerco sanitario alrededor de su postulación y ha salido a desmentir la especie. Todos estos elementos, y la carta abierta de kirchnerista desencantado que disparó contra la Presidenta el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, tienen un gran componente de la reaparición por sus fueros de la pata peronista del kirchnerismo sacando pecho, tras lo que huelen como declinación, pero también como falta de coherencia política de los nuevos armadores oficialistas.